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22 de marzo de 2016


Lecturas y Evangelio del Día

MARTES SANTO



ANTIFONA DE ENTRADA     Cfr. Sal 26,12
No me entregues, Señor, al odio de los que me persiguen, pues han surgido contra mí testigos falsos que respiran violencia.

ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Dios todopoderoso y eterno, celebrar de tal modo los sacramentos de la pasión del Señor, que nos hagamos dignos de recibir tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA
Te convertiré en luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los últimos rincones de la tierra.
Del libro del profeta Isaías 49,1-6
Escúchenme, Islas; pueblos lejanos, atiéndanme. El Señor me llamó desde el vientre de mi madre: cuando aún estaba yo en el seno materno. Él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la sombra de su mano, me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo: "Tú eres mi siervo. Israel; en ti manifestaré mi gloria". Entonces yo pensé: "En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas; en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios".

Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para que fuera su servidor, para hacer que Jacob volviera a Él y congregar a Israel en torno suyo —tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza—. Ahora, pues, dice el Señor: "Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15 ab.17
R. En ti, Señor, he puesto mi esperanza.

Señor, tú eres mi esperanza,
que no quede yo jamás defraudado.
Tú, que eres justo, ayúdame y defiéndeme;
escucha mi oración y ponme a salvo. R.

Sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados. R.

Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías. R.

Yo proclamaré siempre tu justicia
y a todas horas, tu misericordia.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo. R.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, Rey nuestro, para obedecer al Padre, quisiste ser llevado a la cruz como manso cordero al sacrificio. R.

EVANGELIO
Uno de ustedes me entregará. No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.
Del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33.36-38

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: "Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar". Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: "¿De quién lo dice?" Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: "Señor, ¿quién es?" Le contestó Jesús: "Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar". Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: "Lo que tienes que hacer, hazlo pronto". Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: "Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: 'A donde yo voy, ustedes no pueden ir"'. Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?" Jesús le respondió: "A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde". Pedro replicó: "Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le contestó: "¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces".
Palabra del Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira con bondad, Señor, las ofrendas de esta familia tuya y, ya que la hiciste partícipe de tus sagrados dones, concédele obtener plenamente su fruto. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTIFONA DE LA COMUNIÓN     Rm 8,32
Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados por estos dones de salvación, suplicamos, Señor tu misericordia, para que este Sacramento, que nos nutre en nuestra vida temporal, nos haga partícipes de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
Dios y Padre nuestro, al pueblo que quiere obedecerte, purifícalo de la antigua maldad por tu misericordia y hazlo capaz de una santa renovación. Por Jesucristo, nuestro Señor.



COMENTARIO

SAN AGUSTÍN (354-430), OBISPO DE HIPONA (ÁFRICA DEL NORTE) Y DOCTOR DE LA IGLESIA. SERMONES SOBRE EL EVANGELIO DE SAN JUAN, 62-63.

«Y UNTANDO EL PAN, SE LO DIO A JUDAS»

Cuando el Señor, Pan de Vida (Jn 6,35), hubo dado pan a este hombre muerto, y entregándole el pan, señalaba al que iba a traicionar al pan vivo, le dice: «Lo que tienes que hacer, hazlo en seguida». No le mandaba hacer el crimen, sino que descubría su mal a Judas y nos anunciaba nuestro bien. Que Cristo fuera entregado ¿no era lo peor para Judas y lo mejor para nosotros? Judas, pues, que se hacía daño a sí mismo, actuó en favor nuestro sin saberlo.

«Lo que tienes que hacer, hazlo en seguida». Palabra de un hombre que está dispuesto, no de un hombre irritado. Palabra en la que se anuncia menos el castigo del que traiciona que la recompensa del redentor, del que rescata. Porque diciendo: «Lo que tienes que hacer, hazlo en seguida», Cristo, más que acusar el crimen del infiel, busca apresurar la salvación de los creyentes. «Fue entregado por nuestros pecados; amó a la Iglesia y se entregó por ella» (Rm 4,25; Ef 5,25). Es lo que hace exclamar al apóstol «Me amó y se entregó por mí» (Gal 2,20). De hecho nadie hubiera entregado a Cristo si él mismo no se hubiera entregado... Cuando Judas le traiciona, es Cristo que se entrega; uno negocia su venta, y el otro nuestro rescate. «Lo que tienes que hacer, hazlo en seguida»: no que eso esté en tu poder, sino que es la voluntad del que todo lo puede...

«Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.» Y el que salía era él mismo noche. Seguidamente, cuando la noche hubo salido, Jesús dijo: « ¡Ahora es glorificado el Hijo del hombre!» Es entonces cuando «el día al día le pasa el mensaje» (Sl 18,3), es decir, Cristo lo confía a sus discípulos para que lo escuchen y lo sigan en el amor... Algo semejante sucederá cuando este mundo vencido por Cristo, pasará. Entonces la cizaña, ya no se juntará con el grano porque «los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (Mt 13,43).






COMENTARIO

SAN JUAN CRISÓSTOMO (V. 345-407), PADRE DE ANTIOQUÍA DESPUÉS OBISPO DE CONSTANTINOPLA, DOCTOR DE LA IGLESIA. HOMILÍA SOBRE LA CONVERSIÓN, N°1.

JUDAS SALIÓ INMEDIATAMENTE, ERA DE NOCHE

Judas había expresado su arrepentimiento:"He pecado entregando sangre inocente" (Mt. 27:4). Pero el diablo, que había entendido estas palabras, comprendió que Judas estaba en el buen camino y esta transformación le asusta. Después reflexionó: Su maestro es benevolente, pensó; en el momento que fue traicionado por él, lloró por su suerte y le ha apelado de mil maneras, sería sorprendente si no lo recibe cuando se arrepiente con toda su alma, se da por vencido para que le ayuden si se levanta y reconoce su culpa. ¿No es por esto por lo qué fue crucificado? Después de estas reflexiones, introdujo una profunda tristeza en la mente de Judas, y lo empujó a una inmensa desesperación, lo desconcertó, y le acosó hasta que él se las arregla para empujarlo al suicidio para privarlo de la vida después de despojarlo de sus sentimientos de arrepentimiento.

No hay duda de que, de haber estado aun vivo se habría salvado: sólo hay que ver el ejemplo de los verdugos. En efecto, si Cristo ha salvado a los que le crucificaron; si, incluso en la cruz, ruega al Padre e intercede por el perdón de sus pecados (Lucas 23:34), ¿cómo no habría acogido al traidor con una benevolencia total, donde se ha demostrado la sinceridad de su conversión? ... Pedro le negó tres veces después de participar en la comunión de los santos misterios, y sus lágrimas le absolvieron (Mt 26,75, Jn 21,15 s). Pablo, el perseguidor, el blasfemo, el presuntuoso, Pablo que no sólo ha perseguido al crucificado sino a todos sus discípulos, se convirtió en apóstol después de su conversión. Dios sólo nos pide una ligera penitencia para concedernos el perdón de nuestros pecados.






COMENTARIO

SAN MÁXIMO DE TURÍN (?-C.420), OBISPO. SERMÓN 36; PL 57, 605.

“JUDAS, SE ACERCÓ A JESÚS…, Y LO BESÓ. ELLOS LE ECHARON MANO Y LO PRENDIERON”(MC 14,45S)

La paz es un don de la resurrección de Cristo. A las puertas de la muerte, no vaciló en darle esta paz al discípulo que lo entregaba; abrazó al traidor como se abraza al amigo fiel. No creáis que el beso que el Señor le dio a Judas Iscariote estuvo inspirado por otro sentimiento que el de la ternura. Cristo sabía que Judas lo traicionaría. Sabía lo que significaba este signo de amor, y no escapó de el. He aquí la amistad: al que debe morir, no niega un último abrazo; a los seres queridos, no les retira esta última manifestación de dulzura. Pero Jesús esperaba también que este gesto revolviera a Judas y que, asombrado por su bondad, no traicionaría al que le amaba, no entregaría al que le abrazaba. Así este beso fue concedido como una prueba: si lo aceptaba, sería un lazo de paz entre Jesús y su discípulo; si Judas le traicionaba, este beso criminal se convertía en su propia acusación.

El Señor le dice: "¿Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre?" (Lc 22,48) ¿Dónde está el complot del enemigo? ¿Dónde se esconde su astucia? Todo lo secreto se descubre. El traidor se traiciona antes de traicionar a su Maestro. ¿Entregas al Hijo del hombre con un beso? ¿Con sello del amor, hieres? ¿Con gesto de la ternura, derramas sangre? ¿Con el signo de la paz, traes la muerte? ¿Dime en qué consiste este amor? ¿Das un beso y amenazas? Pero estos besos, con los que el servidor traiciona a su Señor, el discípulo a su maestro, el elegido a su creador, estos besos no son besos, sino veneno.