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3 de mayo de 2016


Lecturas y Evangelio del Día

Fiesta de la Santa Cruz



En la Iglesia universal la fiesta de la Santa Cruz se celebra el 14 de septiembre, al día siguiente de la dedicación de la “Iglesia de la Resurrección”, levantada en Jerusalén sobre el sepulcro de Jesucristo. Antes de la reforma litúrgica del Vaticano II esta fiesta se llamaba “La exaltación de la Santa Cruz”. Entonces también se celebraba otra fiesta, la del “Hallazgo de la Santa Cruz”, el día 3 de mayo. Dado que en México la celebración de la Santa Cruz en este día está muy arraigada, sobre todo en el sector de la construcción, el Episcopado Mexicano pidió autorización a la Santa Sede para seguirla celebrando el 3 de mayo en vez del 14 de septiembre, con lo cual siempre cae dentro del Tiempo Pascual. Ciertamente la cruz es el trofeo de la victoria pascual de Cristo sobre la muerte.

ANTÍFONA DE ENTRADA     Cfr. Ga 6, 14
Que nuestra única gloria sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, nuestra vida y resurrección y por quien hemos sido redimidos y liberados. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que quisiste que tu Hijo muriera en la Cruz para salvar a todos los hombres, concédenos aceptar por su amor la cruz del sufrimiento aquí en la tierra, para poder gozar en el cielo los frutos de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA
Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó.
De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses: 2, 6-11
Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38
R/. No olvidemos las hazañas del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
presten oído a las palabras de mi boca.
Abriré mi boca y les hablaré en parábolas;
anunciaré lo que estaba oculto
desde la creación del mundo. R/.

Cuando Dios los hacía morir, lo buscaban
y madrugaban para volverse hacia Él.
Se acordaban de que Dios era su auxilio;
el Dios altísimo, su redentor. R/.

Lo adulaban con su boca,
le mentían con su lengua;
su corazón no era sincero con Él
ni eran fieles a su alianza. R/.

Pero Él sentía lástima de ellos,
les perdonaba su culpa y no los destruía.
Muchas veces dominó su ira
y apagó el furor de su cólera. R/.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO    
R. Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo. R/.

EVANGELIO
El Hijo del hombre tiene que ser levantado.
Del santo Evangelio según san Juan: 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él”.
Palabra del Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, que este sacrificio que Cristo te ofreció sobre la Cruz para borrar los pecados del mundo, nos purifique ahora de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN     Jn 12, 32
Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor nuestro, Jesucristo, fortalecidos con este alimento santo, te pedimos que conduzcas a la gloria de tu resurrección a quienes redimiste por el madero vivificante de la cruz. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.



COMENTARIO

SAN ANDRÉS DE CRETA, OBISPO. SERMÓN 10, SOBRE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ: PG 97, 1018-1019. 1022-1023 (LITURGIA DE LAS HORAS)

LA CRUZ ES LA GLORIA Y EXALTACIÓN DE CRISTO

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.
Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.
Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.
La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: “Padre, glorifica tu nombre.” Entonces vino una voz del cielo: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”, palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.
También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mi. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.






COMENTARIO

SAN BERNARDO DE CLARAVAL (1091-1153), CISTERCIENSE, ABAD, DOCTOR DE LA IGLESIA. MEDITACIÓN SOBRE LA PASIÓN VI, 13- 15.

¿QUIÉN PODRÁ DESDE AHORA TEMER LA CRUZ?

Lejos de mí el pensar de gloriarme fuera de la cruz de mi Señor Jesucristo (Ga 6, 14). La cruz es tu gloria, la cruz es tu imperio. He aquí tu imperio sobre tus espaldas (Is 9,5). Quien lleva tu cruz, lleva tu gloria. Así la cruz, que causa miedo a los infieles, es para los fieles más hermosa que todos los árboles del paraíso. ¿Ha temido Cristo la cruz? ¿Y Pedro? ¿Y Andrés? Por el contrario, la han deseado. Cristo se ha alzado sobre ella como un valiente para recorrer su carrera (Sal 19,6): “He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros antes de morir”(Lc 22,15). El ha comido la Pascua sufriendo su pasión, al pasar de este mundo a su Padre. Sobre la cruz el comió y bebió, el se embriagó y durmió…
¿Quién podrá desde ahora temer la cruz? Temo, Señor, rodear el cielo y la tierra, el mar y las estepas, pero ¡jamás te encontraré sino en la cruz! Allí tu duermes, allí apacientas tu rebaño, allí tú reposas al mediodía (Ct 1,7). Sobre esta cruz quien está unido a su Señor cuenta con su dulzura: “Tú, Señor, escucho que me rodeas, tu levantas mi cabeza” (Sal 3, 4). No hay persona que te busque y no te encuentre, sino sobre la cruz. Oh cruz de gloria, enraízate en mi, para que yo pueda encontrarme en ti.






COMENTARIO

SAN JUAN CRISÓSTOMO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA. HOMILÍA 1ª SOBRE LA CRUZ Y EL LADRÓN; PG 49, 399-401.

LA CRUZ, DESTRUCCIÓN DEL ENEMIGO.

«También es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, (…) para que todo el que cree en él no muera.»
¡Cristo está hoy en cruz y nosotros celebramos fiesta! ¡Para que conozcas que la Cruz es fiesta y solemnidad espiritual! Anteriormente la cruz era cosa de condenación; pero ahora, en cambio, ha venido a ser cosa de honra. Anteriormente era señal de condenación; actualmente lo es de salvación. Ella nos ha sido causadora de innumerables bienes. Ella nos libró del error; ella nos iluminó cuando estábamos sentados en las tinieblas; ella nos reconcilió con Dios cuando ya estábamos vencidos, y de enemigos nos hizo sus domésticos, y de alejados nos hizo vecinos de Dios. Ella es destrucción de la enemistad, guardiana de la paz, tesoro de bienes infinitos.
Por ella no vagamos ya en los desiertos, porque hemos conocido el camino verdadero; ya no vivimos fuera del palacio, pues hemos encontrado la puerta; no tememos los dardos encendidos del diablo, porque hemos encontrado la fuente. Por la cruz ya no estamos en viudedad, pues hemos recibido al Esposo; no tememos al lobo, pues hemos encontrado al Pastor. Por la cruz no tememos ya al tirano, pues estamos al lado del Rey.
Y por esto, al celebrar la memoria de la Cruz, hacemos fiesta por la Cruz: “¡Celebrémosla, dice Pablo, no con la vieja levadura, sino con ázimos de pureza y de verdad.” (1Co 5,8) Y luego, añadiendo la causa, prosigue así: “¡Porque nuestra Pascua, Cristo, ya ha sido inmolado!” (1Co 5,7).