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23 de junio de 2015


Lecturas y Evangelio del Día

MARTES DE LA SEMANA XII DEL TIEMPO ORDINARIO
FERIA


PRIMERA LECTURA
Que no haya pleitos entre tú y yo, pues somos hermanos.
Del libro del Génesis 13, 2. 5-18

Abram era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abram, poseía ovejas, vacas y tiendas. La tierra no era suficiente para los dos y ya no podían vivir juntos, porque sus rebaños habían aumentado mucho. Hubo pleitos entre los pastores de Abram y los de Lot. (Además, los cananeos y los perezeos habitaban por entonces en el país).
Entonces Abram le dijo a Lot: "Que no haya pleitos entre tú y yo ni entre nuestros pastores, pues tú y yo somos hermanos. Tienes todo el país por delante. Sepárate de mí. Si te vas por la izquierda, yo me iré por la derecha; y si tú tomas la derecha, yo tomaré la izquierda".
Lot levantó los ojos y vio que todo el valle del Jordán, hasta llegar a Soar, era de regadío (esto sucedía antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); era como el paraíso o como la región fértil de Egipto. Entonces Lot escogió todo el valle del Jordán y se trasladó al oriente, y así se apartaron el uno del otro. Abram se estableció en Canaán, y Lot en las ciudades del valle, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
Después de que Lot se separó, el Señor le dijo a Abram: "Alza tus ojos y, desde el lugar en donde estás, mira hacia el norte y el sur, hacia el oriente y el poniente. Pues bien, toda la tierra que ves te la voy a dar a ti y a tus descendientes para siempre. Voy a hacer a tu descendencia tan numerosa como el polvo de la tierra: el que pueda contar el polvo de la tierra, podrá contar a tus descendientes. Anda, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque te lo voy a dar a ti".
Y Abram fue a plantar sus tiendas en el encinar de Mambré, en Hebrón y construyó ahí un altar al Señor.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5
R/. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

El hombre que procede honradamente
y obra con justicia;
el que es sincero en todas sus palabras
y con su lengua a nadie desprestigia. R/.

Quien no hace mal al prójimo
ni difama al vecino;
quien no ve con aprecio a los malvados,
pero honra a quienes temen al Altísimo. R/.

Quien presta sin usura
y quien no acepta soborno
en perjuicio de inocentes,
ése será agradable
a los ojos de Dios eternamente. R/.


EVANGELIO
Traten a los demás como quiere que ellos los traten a ustedes.
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas.
Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!"
Palabra del Señor.



COMENTARIO

SAN BENITO (480-547), MONJE. LA REGLA, PRÓLOGO.

«ENTRAD POR LA PUERTA ESTRECHA»

El Señor, buscándose, entre la multitud a la cual dirige su llamada, un obrero, dice: «¿Quién es el que ama la vida y desea días de prosperidad?» (Sl 33,13). Si escuchando esto respondes: «¡Yo!», Dios te dice: «Si quieres alcanzar la vida, la verdadera vida eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad, apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella» (Sl 33, 14-15)... ¿Qué hay que sea más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Mirad que, en su bondad, el Señor nos indica el camino de la vida. Habiendo, pues, ceñido nuestros lomos (Ef 6,14) con la fe y la práctica de las buenas obras, guiados por el Evangelio, avancemos en sus caminos, a fin de que merezcamos ver a aquél que nos ha llamado a su Reino (1Tes 2,12). Si queremos habitar en las moradas de este Reino, no llegaremos de ninguna manera a él si no es por las buenas obras. Con el profeta, preguntemos al Señor y digámosle: «Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? ¿Quién habitará en tu monte santo?» (Sl 14,1). Después de esta petición, hermanos, escuchemos al Señor que nos responde mostrándonos el camino...

Vamos, pues, a establecer una escuela al servicio del Señor, en la cual esperamos no establecer nada riguroso, nada agobiante. Pero si se presentara alguna cosa un tanto severa, exigida por una razón de justicia a causa de la corrección de los vicios o para mantener la caridad, no huyas inmediatamente, preso de terror, pues no nos podemos comprometer en el camino de la salvación de otra manera que por una puerta estrecha. Por otra parte, gracias al progreso de la vida y de la fe, se corre por los caminos de los mandamientos del Señor (Sl 118,32) con el corazón dilatado, en una inefable dulzura de amor. Así, no alejándonos jamás de su enseñanza y perseverando en su doctrina hasta la muerte en el monasterio, por la paciencia participaremos en los sufrimientos de Cristo (1P 4,13) para que merezcamos tener también parte en su Reino.






COMENTARIO

SAN VICENTE DE PAÚL (1581-1660), PRESBÍTERO, FUNDADOR DE COMUNIDADES RELIGIOSAS. CONFERENCIA DEL 30/5/1659.

«TRATAD A LOS DEMÁS COMO QUERÉIS QUE ELLOS OS TRATEN»

¿Cuál es el primer fruto de la caridad? ¿Qué es lo primero que hace un corazón animado por ella? ¿Qué es lo que sale de él diferenciándolo de un hombre faltado de la misma? Es hacer a cada uno lo que razonablemente quisiéramos que nos hicieran a nosotros; en eso consiste lo que distingue la caridad. ¿Es verdad que hago a mi prójimo lo mismo que deseo de él? ¡Ah! es un gran examen que debemos hacernos...

Fijémonos en el Hijo de Dios: ¡qué corazón más lleno de caridad, que llama de amor! Jesús mío, dinos un poco, por favor, ¿qué es lo que os ha hecho bajar del cielo para venir a sufrir la maldición de la tierra, tantas persecuciones y tormentos como habéis recibido? Oh Salvador, fuente de amor, humillado hasta ser uno de nosotros, hasta recibir un infame suplicio ¿quién ha amado al prójimo como vos mismo? Habéis venido a exponeros a todas nuestras miserias, a tomar la condición de pecador, a llevar una vida dolorosa y a sufrir una vergonzosa muerte por nosotros. ¿Hay otro amor semejante al vuestro?... Sólo Nuestro Señor puede estar enamorado así de las criaturas hasta dejar el trono de su Padre y venir a tomar un cuerpo sujeto a los sufrimientos.

¿Y por qué? Para infundirnos, siguiendo su ejemplo y su palabra, la caridad para con el prójimo... Oh amigos míos, si tuviéramos un poco de este amor ¿nos quedaríamos con los brazos cruzados?... ¡Oh no! la caridad no puede quedarse ociosa; nos empuja a la salvación y a la consolación de los otros.