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1 de julio de 2014


Lecturas y Evangelio del Día

MARTES DE LA SEMANA 13 DEL TIEMPO ORDINARIO

FERIA

PRIMERA LECTURA

Amós 3, 1-8; 4, 11-12 

Habla el Señor, ¿quién no profetiza?

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto: "A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados.
¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado?
¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor?
Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos, los profetas.
Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí -oráculo del Señor-. Por eso, así te voy a tratar, Israel, y, porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios."

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL

Salmo 5 

R/.Señor, guíame con tu justicia 

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia. R/.


EVANGELIO

Mateo 8, 23-27 

Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!» Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!» Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor.




COMENTARIO

INCREPÓ A LOS VIENTOS, Y VINO UNA GRAN CALMA




Se dice que los pueblos primitivos mitologizaban a los héroes sin miedo porque el hombre es tímido por naturaleza, se sienten siempre amenazado por algo y está en búsqueda permanente de un refugio para esconderse. Los antiguos filósofos decían que, desde el punto de vista moral, este miedo es bastante nocivo porque el tímido termina paralizándose y olvidando los buenos principios por los que comportarse.
Hay muchos que son de carácter tímido. San Juan Clímaco los consuela así: No pasa nada pasa porque tiemblen las piernas, lo importante es que no tiemble el alma. Él estaba convencido de que la timidez natural se puede vencer. Por ejemplo, a una persona que tiene miedo de atravesar lugares desiertos, Clímaco le aconseja ir de noche, armada con el nombre de Cristo.
La timidez disminuye con la conciencia de que no estamos solos, que hay alguien con nosotros. Como dice el proverbio: ¡Teme al Señor y no tendrás que temer nada del mundo!
El historiador eclesiástico Eusebio cita esta frase del evangelio cuando habla de la muerte de Arrio: así terminan las grandes persecuciones de la Iglesia. Algo análogo sucede también en nuestra vida. Cuando comienzan las peleas en la vida matrimonial, parece que ya no hay forma de seguir adelante. Pero con la paciencia de los dos puede volver la serenidad y renovarse el entendimiento recíproco. También cuando somos sometidos a tentación, tenemos la sensación de caer y de no poder volver hacia atrás Pero un poco después queda sólo el recuerdo de una lucha de la que hemos salido victoriosos. En la vida, antes o después, llega el momento de desolación. ¿Qué hacer cuando llega?
San Ignacio responde, en los Ejercicios: «Quien se encuentre en desolación considere cómo el Señor lo deja en la prueba confiado a sus fuerzas naturales, para que resista a las muchas agitaciones y tentaciones del enemigo. Esfuércese en perseverar en la paciencia que es contraria a las vejaciones sufridas y piense que pronto será consolado»