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20 de septiembre de 2017


Lecturas de la Santa Misa

Memoria de los Santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang y Compañeros, mártires



PRIMERA LECTURA
Realmente es grande el misterio del amor de Dios.
De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 3, 14-16
Querido hermano: Te escribo estas cosas con la esperanza de ir a verte pronto. Pero si tardo en llegar, quiero que sepas desde ahora cómo debes de actuar en la casa del Dios vivo, que es la Iglesia, columna y fundamento de la verdad.
Realmente es grande el misterio del amor de Dios, que se nos ha manifestado en Cristo, hecho hombre, santificado por el Espíritu, contemplado por los ángeles, anunciado a todas las naciones, aceptado en el mundo mediante la fe y elevado a la gloria.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 110, 1-2. 3-4. 5-6
R/. Alabemos a Dios de todo corazón.

Quiero alabar a Dios, de corazón,
en las reuniones de los justos.
Grandiosas son las obras del Señor
y para todo fiel, dignas de estudio. R/.

De majestad y gloria hablan sus obras
y su justicia dura para siempre.
Ha hecho inolvidables sus prodigios.
El Señor es piadoso y es clemente. R/.

Acordándose siempre de su alianza,
Él le da de comer al que lo teme.
Al darle por herencia a las naciones,
hizo ver a su pueblo sus poderes. R/.


EVANGELIO
Tocamos la flauta y ustedes no bailaron, cantamos canciones tristes y no lloraron.
Del santo Evangelio según san Lucas: 7, 31-35

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros: 'Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado'.
Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: 'Ese está endemoniado'. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores'. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen".
Palabra del Señor.



COMENTARIO

SAN JUAN PABLO II (1920-2005), PAPA. HOMILÍA PRONUNCIADA EN LA CANONIZACIÓN DE LOS SANTOS ANDRÉS KIM TAEGON, PRESBÍTERO, PABLO CHONG HASANG Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES. DOMINGO 6 DE MAYO DE 1984. SEUL, COREA DEL SUR.

¿CÓMO PUEDE PEDIRME TRAICIONARLO?

La floración espléndida de la Iglesia de hoy en Corea es en realidad el resultado del heroico testimonio de los mártires. Incluso hoy su espíritu inmortal apoya a los cristianos de la Iglesia del Silencio en el norte de este país trágicamente dividido.

De Peter Yu de trece años, a Mark Chong de setenta y dos, hombres y mujeres, clérigos y laicos, ricos y pobres, las personas comunes y nobles, y muchos de ellos descendientes de los mártires desconocidos de épocas anteriores, todos han muerto de alegría por la causa de Cristo.

Escuchemos las últimas palabras de Teresa Kwon, uno de los primeros mártires: "A medida que el Señor del cielo es el Padre de toda la humanidad y el Señor de toda la creación, ¿cómo puede pedirme traicionarlo? Aun en este mundo, el que traicione a su padre o a su madre no será perdonado. Lo más importante es que no puedo traicionar al Padre de todos nosotros ".

Una generación más tarde, el padre de Peter Yu, Agustín declara con firmeza: "Ahora que conozco a Dios, no soy capaz de traicionarlo." Peter Cho va más allá y dice, "aun suponiendo que su padre cometió un crimen, nadie tiene el derecho de repudiarlo y no reconocerlo como padre. ¿Cómo puedo entonces afirmar que no conozco al Padre y Señor Celestial, que es tan bueno? "

¿Y qué dijo Agatha Yi, de diecisiete años, cuando a ella y a su hermano menor se les dijo falsamente que sus padres habían repudiado la fe? "El hecho de que mis padres hayan traicionado o no, son ellos. Por lo que a nosotros respecta, no podemos traicionar al Señor del Cielo que siempre hemos servido". A estas palabras, otros seis cristianos adultos se entregaron voluntariamente en manos de los magistrados para enfrentar el martirio. Agatha, sus padres y los otros seis serán canonizados hoy. Además, muchos otros mártires humildes desconocidos que han servido al Señor con la misma fe y coraje.

Los mártires coreanos han traído su testimonio al Cristo crucificado y resucitado. A través del sacrificio de su propia vida se han convertido en Cristo de una manera muy especial. Ellos, de hecho, han hecho suyas las palabras de San Pablo: "Siempre llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo... se nos está dando constantemente a la muerte por causa de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal "(2 Cor 4,10-11).

La muerte de los mártires es similar a la muerte de Cristo en la cruz, porque como su muerte, también se convirtió en el comienzo de una nueva vida. Esta nueva vida no sólo se ha manifestado en aquellos que han sufrido la muerte de Cristo, sino que se ha extendido a otros. Se ha convertido en la levadura de la Iglesia como comunidad viva de discípulos y testigos de Jesucristo. "La sangre de los mártires es semilla de cristianos": estas palabras del primer siglo del cristianismo son ahora confirmadas por nuestros ojos.






COMENTARIO

SAN BASILIO (HACIA 330-379), MONJE Y OBISPO DE CESAREA, EN CAPADOCIA, DOCTOR DE LA IGLESIA. PRÓLOGO A LAS GRANDES REGLAS

DIOS NOS LLAMA, INCANSABLEMENTE, A LA CONVERSIÓN

Hermanos, no permanezcamos en la despreocupación y la relajación ; no dejemos ligeramente, para mañana o aún para más tarde, para comenzar a hacer lo que debemos. «Ahora es la hora favorable, dice el apóstol Pablo, ahora es el día de la salvación » (2Co 6,2). Actualmente es, para nosotros, el tiempo de la penitencia, más tarde será el de la recompensa; ahora es el tiempo de la perseverancia, un día llegará el de la consolación. Dios viene ahora para ayudar a los que se alejan del mal; más adelante Él será el juez de nuestros actos, de nuestras palabras y de nuestros pensamientos como hombres. Hoy nos aprovechamos de su paciencia; en el día de la resurrección conoceremos sus justos juicios, cuando cada uno reciba lo que corresponda a nuestras obras.

¿Cuándo nos decidiremos a obedecer a Cristo que nos llama a su Reino celeste? ¿Es que no nos purificaremos? ¿Es que no nos decidiremos a abandonar nuestra habitual forma de vivir para seguir, a fondo, el Evangelio?





COMENTARIO

SAN BERNARDO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA. SERMÓN 38 SOBRE EL CANTAR DE LOS CANTARES.

«¿A QUIÉN, PUES, COMPARARÉ LOS HOMBRES DE ESTA GENERACIÓN?» (LC 7,31).

El Apóstol Pablo dice: “Lo que algunos tienen es ignorancia de Dios” (1Co 15,34). Yo digo, que permanecen en esta ignorancia todos aquellos que no quieren convertirse a Dios. Ellos rechazan esta conversión por la única razón de que ellos imaginan a Dios solemne y severo cuando es todo suavidad; ellos lo imaginan duro e implacable cuando es todo misericordia; creen que es violento y terrible cuando es adorable. Así el impío se engaña a sí mismo y se fabrica un ídolo en vez de conocer a Dios tal cual es.

¿Qué teme esta gente de poca fe? ¿Qué Dios no querrá perdonar sus pecados? Pero si Él mismo, con sus propias manos, los clavó en la cruz (Col 2,14). ¿Qué pueden temer todavía? ¿Ser ellos mismos débiles y vulnerables? Pero si Él conoce muy bien la arcilla con que nos ha hecho. ¿De qué tienen miedo? ¿De estar demasiado acostumbrados al mal para abandonar las costumbres de la carne? Pero el Señor liberta a los cautivos (Sal 145,7). ¿Temen por tanto que Dios, irritado por la inmensidad de sus faltas, vacile en tenderles una mano que los socorra? Pero allí donde abundó el pecado, la gracia sobreabundó (Rm 5, 20). ¿Quizá la preocupación por el vestido, el alimento y otras necesidades de su vida, les impide separarse de sus bienes? Dios sabe que tenemos necesidad de todo esto (Mt 6, 32). ¿Qué más quieren? ¿Cuál es el obstáculo para su salvación? Ignoran a Dios, no creen en nuestra palabra. Por tanto es necesario que se fíen de la experiencia de los demás.