Inicio Noticias de la Iglesia Espiritualidad Liturgia Biblia Conoce y defiende tu fe
Historia de la Iglesia Las Vidas de los Santos Lecturas de la Santa Misa María Radio Catedral Libros

PUBLICIDAD

5 de abril de 2016


Lecturas y Evangelio del Día

MARTES DE LA SEMANA II DE PASCUA
FERIA



ANTIFONA DE ENTRADA     Ap 19, 7.6
Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA
Te pedimos, Dios todopoderoso, que nos concedas anunciar la victoria de Cristo, resucitado, para que alcancemos en plenitud los bienes eternos, cuyo anticipo hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA
Tenían un solo corazón y una sola alma.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 4, 32-37
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.

Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

José, levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa hábil para exhortar), tenía un campo; lo vendió y puso el dinero a disposición de los apóstoles.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 92, lab. lc-2. 5
R/. El Señor es un rey magnífico. Aleluya.

Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes.
Estás revestido de poder y majestad.
Tú mantienes el orbe y no vacila.
Eres eterno, y para siempre está firme tu trono. R/.

Muy dignas de confianza son tus leyes
y desde hoy y para siempre, Señor,
la santidad adorna tu templo. R/.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO     Cfr. Jn 3, 15
R. Aleluya, aleluya.
El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, para que los que creen en él tengan vida eterna. R/.

EVANGELIO
Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo.
Del santo Evangelio según san Juan: 3, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "No te extrañes de que te haya dicho: Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu". Nicodemo le preguntó entonces: "¿Cómo puede ser esto?"

Jesús le respondió: "Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna".
Palabra del Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, vivir siempre llenos de gratitud por estos misterios pascuales que celebramos, para que, continuamente renovados por su acción, se conviertan para nosotros en causa de eterna felicidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTIFONA DE LA COMUNIÓN     Cfr. Lc 24, 46.26
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y así entrara luego en su gloria. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.



COMENTARIO

SAN HILARIO (C. 315-367), OBISPO DE POITIERS Y DOCTOR DE LA IGLESIA. LA TRINIDAD, 12,55S; PL 10, 472.

“NO SABES DE DÓNDE VIENE NI A DÓNDE VA”

Dios todopoderoso, según el apóstol Pablo, tu Espíritu “escruta y conoce las profundidades de tu ser” (1C 2, 10-11), e intercede por mi, te habla en mi lugar con “gemidos inenarrables” (Rm 8,26)… Fuera de ti nadie escruta tu misterio; nada que sea extraño a ti no es suficientemente poderoso para medir la profundidad de tu majestad infinita. Todo lo que penetra en ti procede de ti; nada de lo que es exterior a ti tiene el poder de sondearte…

Creo firmemente que tu Espíritu viene de ti por tu Hijo único; aunque yo no comprendo este misterio, tengo, respecto a él, una profunda convicción. Porque en las realidades espirituales que son dominio tuyo, mi espíritu es limitado, tal como lo dice tu Hijo único: “No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de nuevo’. Porque el Espíritu sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del agua y del Espíritu”. Creo en mi nuevo nacimiento sin comprenderlo, y en mi fe guardo lo que escapa a mi comprensión. Sé que tengo el poder de renacer, pero no sé cómo esto se realiza. El Espíritu no tiene ningún límite; habla cuando quiere, y dice lo que él quiere y donde quiere. La razón de de su partida y de su venida permanecen desconocidas para mi, pero tengo la profunda convicción de su presencia.






COMENTARIO

SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ [ÉDITH STEIN] (1891-1942), CARMELITA DESCALZA MÁRTIR, COPATRONA DE EUROPA. POESÍA: «NOCHE DE NAVIDAD»

«PARA QUE TODO EL QUE CREA, OBTENGA POR ÉL LA VIDA ETERNA»

Señor mío y Dios mío, me guiaste
por un largo camino oscuro, pedregoso y duro.
Mis fuerzas a menudo
parecían querer abandonarme,
no esperaba ver la luz un día más.

Mi corazón se petrificaba
en un sufrimiento profundo
cuando la claridad de una estrella
se levantó sobre mis ojos.

Fiel, ella me guió y yo la seguí
primero con paso tímido, más seguro después.
Llegué por fin ante la puerta de la Iglesia.
Se abrió. Pedí entrar.
Tu bendición me acoge por boca de tu sacerdote.

En el interior las estrellas se suceden,
estrellas de flores rojas
que me muestran el camino hasta ti...
Y tu bondad permite que me alumbren
en mi camino hacia ti.

El misterio que debía guardar
escondido en lo profundo de mi corazón,
en lo sucesivo puedo anunciarlo en voz alta:
¡Creo, confieso mi fe!

El sacerdote me conduce
caminando hacia el altar,
inclino la frente,
el agua santa fluye sobre mi cabeza.

¿Señor, le es posible a alguien renacer
una vez andada la mitad de su vida? (Jn 3,4)
lo dijiste,
y para mí ha se hecho realidad.
El peso de las faltas y las penas
de mi larga vida me dejaron.

¡De pie, recibí el manto blanco
colocado sobre mis hombros,
símbolo luminoso de la pureza!
Llevé en la mano el cirio del que la llama
anuncia que en mí arde tu vida santa.

Mi corazón se ha convertido
en el pesebre que espera tu presencia.
¡Por poco tiempo! María, tu madre,
que es también la mía, me dio su nombre.

A medianoche deposita en mi corazón
a su niño recién nacido.
¡Oh! Ningún corazón humano puede concebir
lo que preparas a aquellos que te aman (1Co 2,9).

Me perteneces en lo sucesivo y nunca más te dejaré.
Dondequiera que pueda ir
el camino de mi vida, estás cerca de mí.
Nada jamás podrá separarme de tu amor (Rm 8,39)..