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29 de marzo de 2016


Lecturas y Evangelio del Día

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA



ANTIFONA DE ENTRADA     Cfr. Sir 15, 3-4
El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en Él y no vacilarán. El los llenará de gloria eternamente. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, que nos has hecho experimentar la fuerza vivificante del misterio pascual, sigue acompañando a tu pueblo con tu divina gracia, para que, conseguida la perfecta libertad, se convierta en gozo celestial la alegría que ahora lo inunda aquí en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA
Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 36-41
El día de Pentecostés, dijo Pedro a los judíos: "Sepa todo Israel, con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado".

Estas palabras les llegaron al corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo, para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos".

Con éstas y otras muchas razones los instaba y exhortaba, diciéndoles: "Pónganse a salvo de este mundo corrompido". Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unas tres mil personas.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22
R. En el Señor está nuestra esperanza. Aleluya.

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades. R.

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida. R.

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R. Aleluya, aleluya.
Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. R. Aleluya.

EVANGELIO
He visto al Señor y me ha dado este mensaje.
Del santo Evangelio según san Juan 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: "¿Por qué estás llorando, mujer?" Ella les contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto".

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: "Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?" Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: "Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto". Jesús le dijo: "¡María!" Ella se volvió y exclamó: "¡Rabuní!", que en hebreo significa 'maestro'. Jesús le dijo: "Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios' ".

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.
Palabra del Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, con bondad, estas ofrendas de tu familia santa, para que, con la ayuda de tu protección, conserve los dones recibidos y llegue a poseer los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTIFONA DE LA COMUNIÓN     Col 3, 1-2
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Escúchanos, Dios todopoderoso, y, ya que colmaste los corazones de tus hijos con la gracia incomparable del bautismo, prepáranos para alcanzar la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.



COMENTARIO

SAN AGUSTÍN (354-430), OBISPO DE HIPONA (ÁFRICA DEL NORTE) Y DOCTOR DE LA IGLESIA. 1ER SERMÓN PARA EL JUEVES SANTO, MORIN GUELFERBYTANUS 13 ; PLS 2, 572.

«SUBO AL PADRE MÍO Y PADRE VUESTRO»

«Suéltame, que todavía no he subido al Padre». ¿Qué es lo que dice? Que se palpa mejor a Cristo a través de la fe que a través de la carne. Tocar a Cristo por la fe, es tocarle en toda verdad. Es lo que le sucedió a la mujer que sufría pérdidas de sangre: se acercó a Cristo, llena de fe, y tocó su vestidura... Y el Señor, apretujado por la multitud, no es tocado más que por esta mujer... porque creyó (Mc 5,25s).

Hoy, hermanos, Jesús está en el cielo. Cuando estaba entre sus discípulos, revestido de una carne visible y poseyendo un cuerpo palpable, se le podía ver, se le podía tocar. Pero hoy que está sentado a la derecha del Padre ¿quién de entre nosotros le puede tocar? Y sin embargo, somos unos desgraciados si no le tocamos. Todos los que creemos, le tocamos. Está en el cielo, está lejos, y las distancias que le separan de nosotros no son mesurables. Pero si crees, le tocas. ¿Qué digo? ¿Eres tú quien le toca? Si crees, tienes junto a ti a aquel en quien crees...

¿Queréis saber cómo es que María quería tocarle? Le buscaba muerto y no creía que debía resucitar: «¡Se han llevado a mi Señor del sepulcro!» (Jn 20,2). Llora a un hombre... «Suéltame, que todavía no he subido al Padre y en mí no ves más que un hombre. ¿Qué te da esta fe? Déjame subir al Padre. Nunca lo he dejado, pero subiré para ti si me crees igual al Padre». Nuestro Señor Jesucristo no dejó de estar con su Padre cuando descendió de junto a él. Y cuando desde nosotros subió a él nunca nos abandonó. Porque en el momento de subir y sentarse a derecha del Padre, tan lejos, dijo a sus discípulos: «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).






COMENTARIO

HOMILÍA DE UN AUTOR ANÓNIMO DEL SIGLO XIII. MEDITACIÓN SOBRE LA PASIÓN Y LA RESURRECCIÓN DE CRISTO, 38; PL 184, 766.

“¿MUJER, POR QUÉ LLORAS, A QUIÉN ESTÁS BUSCANDO?” (JN 20,15)

¿Mujer, por qué lloras?” ¿A quién buscas? “Lo sabéis bien, ángeles santos, a quién busca y a quién llora. ¿Por qué entonces, avivar su llanto recordándole su pena? María da libre curso a su pena y a sus lágrimas ya que se acerca el gozo de un inesperado consuelo. “Ella se volvió hacia atrás y entonces vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.” (Jn 20,14) Una escena llena de belleza y de bondad cuando el deseado y el buscado se muestra y al mismo tiempo se oculta. Se oculta para ser buscado con más ardor, encontrado con más gozo, retenido con más ansia hasta ser introducido en la casa del amor (Ct 3,4) Es así como la Sabiduría “jugaba con el orbe de la tierra y su alegría era estar con los hombres.” (cf Prov 8,31)

“¿Mujer, por qué lloras, a quién estás buscando?” Tienes al que buscas y ¿lo ignoras? Tienes el gozo auténtico de la eternidad y ¿lloras? Tienes dentro de ti al que buscas fuera. Realmente, estás fuera de todo, llorando cerca de una tumba. Mi tumba es tu corazón. No estoy muerto, reposo dentro de ti, vivo por toda la eternidad. Tu alma es mi jardín. Tenías razón al pensar que era el jardinero. Como nuevo Adán, cultivo mi paraíso y lo guardo. Tus lágrimas, tu amor y tu deseo son obra mía. Me posees en ti sin saberlo y por esto me buscas fuera. Te me voy a mostrar fuera para hacerte entrar en ti misma para que en el interior encuentres al que buscas fuera.






COMENTARIO

SAN MÁXIMO DE TURÍN (?-V. 420), OBISPO. CC SERMÓN 39A; PL 57, 359.

«VE A BUSCAR A MIS HERMANOS Y DILES: SUBO AL PADRE MÍO Y PADRE VUESTRO»

Después de la resurrección, María Magdalena buscó al Señor en la tumba, olvidó su promesa de regresar de los infiernos al tercer día, lo imaginó preso en la tierra... Una fe humilde e ignorante busca lo que no sabe, olvida al que le enseñó; es pronta para venerar, pero su creencia es imperfecta. Se preocupa de las heridas que el Señor llevó en su carne, pero duda de la gloria de su resurrección. Llora porque ama a Cristo, se aflige por no haber encontrado su cuerpo; imagina muerto al que ya reinaba...

Le reprochamos pues a la bienaventurada María, haber sido demasiado lenta en creer (Lc 24, 5s); reconoció al Señor, un poco tarde. Por eso el Salvador le dice: " No me toques, porque todavía no he subido al Padre "... Es decir, ¿por qué deseas tocarme, tú que, buscándome entre las tumbas, no crees que subí cerca de mi Padre, tú que, buscándome en el lugar de los muertos, dudas que haya regresado al cielo; tú que, buscándome entre los muertos, no te esperas verme vivir cerca de Dios, mi Padre? "Todavía no he subido al Padre ", dice, es decir: para ti todavía no he subido al Padre, yo que, según tu fe, estoy retenido para siempre en la tumba...

El que quiere tocar al Señor debe primero, por fe, colocarle a la derecha de Dios; su corazón, más bien que buscarle entre los muertos, debe situarlo en el cielo. El Señor sube hacia el Padre, él que sabe estar siempre en el Padre... "El Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios " (Jn 1,1)... San Pablo nos enseña cómo buscar nosotros también al Salvador en el cielo, diciendo: "Buscad las cosas de arriba, allí dónde está Cristo, sentado a la derecha de Dios".

Y para hacernos olvidar completamente la búsqueda a ras de tierra de María, añade: "Desead las cosas de arriba, no las de la tierra" (Col 3,1-2). No es pues en la tierra, ni bajo la tierra, ni según la carne, donde debemos buscar al Salvador, si queremos encontrarlo y tocarlo, sino en la gloria de la majestad divina.